Lecce
Según la leyenda, incluso antes de la guerra de Troya surgía una ciudad fundada por los Mesapios que se situaba en la entrada de otra ciudad, Rupiae, lugar de nacimiento del poeta, dramaturgo y escritor Quinto Ennio. Lo que es seguro es que los Romanos conquistaron en el siglo III a.C. una ciudad habitada por el pueblo de los Japigi que se latinizó con el nombre de Lupiae. Ésta pasó por un periodo de gran esplendor en la época imperial (especialmente durante el gobierno de Marco Aurelio), cuando el núcleo de la ciudad se trasladó a unas pocas millas al noreste, tomando el nombre de Licea o Litium, y fue conectada directamente al puerto Adriano. La ciudad fue evangelizada por el patricio Publio Oronzio, primer obispo y mártir y futuro patrón de la ciudad. Saqueada por el rey ostrogodo Totila en el 542 y en el 549, Lecce quedó bajo el control de diversos pueblos y dominaciones. Los Normandos la elevaron a condado (en Lecce nació Tancredi, último rey de la dinastía), y a éstos siguieron después los Suevos, Angevinos y Aragoneses. Reflorecida como nudo comercial y centro cultural en el siglo XV, Lecce pasó a formar parte, junto con todo el sur de Italia, de la monarquía española. Al reinado de Carlos V se remontan la nueva cinta amurallada, el castillo (construido para proteger la ciudad de los ataques de piratas y turcos) y la actual Porta Napoli. En el siglo XVII, un momento de intensa construcción y renovación urbanística, coincidiendo sobre todo con el episcopado de Luigi Pappacoda (1639-1670), dio a Lecce el estilo barroco que todavía hoy la distingue (en la foto: la Basilica de Santa Croce y el Palacio de los Celestinos).
